Ahondando en su sempiterno interés por diseccionar el funcionamiento de las instituciones, el director de Titcut Follies descubre en los entresijos de la Biblioteca Pública de Nueva York no sólo un ejemplo de ética aplicada al servicio público sino, sobre todo, un punto de encuentro para las diferentes sensibilidades y realidades que forman el multiétnico tejido social de la gran ciudad estadounidense. Como ocurría en Boxing Gym, el retrato incisivo, pero inevitablemente parcial, que construye Wiseman deviene una suerte de utopía yanqui. En un momento clave de este documental de 197 minutos –en el que aparecen Elvis Costello y Patti Smith presentando sus proyectos literarios–, una arquitecta especializada en el diseño de edificios públicos reniega del concepto de la biblioteca como un recinto destinado a almacenar libros: “¡Las bibliotecas deben ser pensadas como edificios para la gente!”. Adoptando este lema como si se tratara de un mandato estético, Wiseman sitúa las hileras de libros en el trasfondo de las imágenes, mientras que el primer plano lo ocupan los niños que acuden a talleres, los mayores que hacen clases de baile, profesionales que ofrecen trabajo, miembros del equipo directivo (obsesionados con la responsable gestión de la revolución digital) o los trabajadores que atienden las demandas de investigadores y visitantes. Todo ello hilvanado como si se tratara de un discreto manifiesto sobre el valor del conocimiento como herramienta de progreso, y sobre la nobleza del compromiso individual con el bien común. Manu Yáñez

Programación completa de la Filmoteca de Catalunya