En un primer gesto autorreferencial, el mexicano Carlos Reygadas plantea el arranque de Nuestro tiempo como una prolongación de la hipnótica apertura de Post Tenebras Lux. Sustituyendo el formato académico por un amplio panorámico anamórfico, toda la parte inicial se ve teñida de los tonos arcillosos del vasto lodazal donde juegan y reposan niños y preadolescentes de ambos sexos. Siguiendo el camino de la propia vida, en esos primeros minutos Reygadas captura la sensibilidad infantil, trasladándolos en poco tiempo a los callados anhelos románticos de un chico que se descubre deseando a una chica que no lo ve con los mismos ojos. La cámara se desliza entonces hacia un entorno mucho más adulto, en el rancho taurino donde encontramos al propio Reygadas (Juan en la ficción), figura central del film. El director de Batalla en el cielo se disecciona a sí mismo como hombre y como marido, pero también como padre, compañero, patrón. Cuando Esther comience un idilio al margen de su matrimonio, se destapará el verdadero Juan, con todas las toxicidades inscritas en su idea de la masculinidad, amenazada por todo tipo de inseguridades y violencia. Así, el núcleo argumental del film gira en torno al enquistamiento de una crisis de pareja que removerá los cimientos de un supuesto “amor libre” del que Juan se consideraba abanderado. Un drama que Reygadas despliega desde una perspectiva rabiosamente personal y subjetiva, perfilando un tratamiento épico, odiseico, del relato. Julia Gaitano

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