Pese a que hace unos años la comedia norteamericana contemporánea comenzó a tomarse en serio e incluso dio lugar a diversos estudios que integraban una serie de nombres (Judd Appatow, Todd Phillips, Ben Stiller, etc) en una nueva ola, hubo un nombre al que no se le dio la importancia que tal vez merecía. Roger Kumble tiene una filmografía irregular donde, sin embargo, encontramos dos joyas del gamberrismo. La primera sería La cosa más dulce, anti comedia romántica que, sin embargo, pervierte el género desde su mismo centro. Si en aquella película nos encontrábamos, al mismo tiempo, con una obra hilarante, cerda y feminista, en Sólo amigos, su siguiente película, Kumble juega de nuevo a una deconstrucción donde, además, añade una capa meta con la forma de Anna Faris. Ninguna película con Anna Faris es desdeñable, aunque sólo sea por observar el genio de una de las cómicas más físicas (desde el cuerpo hasta el gesto) de la actualidad. Pero es que además en Sólo amigos la actriz nos regala una sosias de Britney Spears al mismo tiempo que nos encontramos con un Ryan Reynolds capaz de ser al mismo tiempo galán y pardillo. Es decir: que los integrantes de Sólo amigos permiten la perversión de su imagen porque saben que ésta siempre es en función del gag. Y los gags funcionan. ER

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