En Victory Day, Sergei Loznitsa sigue preguntándose, silente pero elocuente, por el sentido que le damos, como sociedad, a nuestro patrimonio histórico y cultural. Retoma así las tesis expuestas en su último documental hasta la fecha: Austerlitz. Si allí recurría al blanco y negro para dejar constancia de la banalización del horror del pasado, aquí abraza todo el espectro cromático para retratar los actos conmemorativos de una efeméride con 72 años de edad: la victoria del Ejército Rojo sobre el Tercer Reich. Triunfo pretérito y promesa de futuro a la vez. Loznitsa planta la cámara en el Treptower Park de Berlín, monumento soviético giganteco; especie de mausoleo que, eso sí, cada 9 de mayo rebosa vida. La película retrata un final de peregrinación mediante una serie de postales conjugadas por el montaje de sonido y por la congregación de una marea humana: hordas de gente venida desde todos los rincones de la zona de influencia de la antigua URSS. La ausencia de títulos explicativos, voz en off o entrevistas, no priva al cineasta ucraniano de expresar sus opiniones respecto a una festividad y un sitio cargados de simbología. Víctor Esquirol

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