Mi vida de Calabacín es una delicada pieza en stop motion que cuenta con un guión a cargo de Céline Schiamma. Pese a lo que pueda parecer por el colorista diseño de personajes y escenarios, la película parte en realidad de un trauma espeluznante: la muerte accidental de la (terrible) madre del niño protagonista y su posterior integración dentro de un orfanato. En ese sentido, Mi vida de Calabacín es melancólica y cuenta con unas cuantas secuencias que duelen mucho más por lo que ocultan que por lo que muestran, pero también es una pieza optimista que hace de su pequeñez su mayor virtud. Así, por ejemplo, las relaciones que se establecen entre los niños del centro no pasan por grandes dramas ni aventuras, pero sí por detalles que sugieren una tremenda realidad en todas aquellas roturas que, paradójicamente, les unen. Endika Rey

Programación completa de la Filmoteca de Catalunya