Carlota Moseguí

Situados en pleno ecuador del Festival de Gijón, y con una veintena de títulos visionados, podemos afirmar que el cine de denuncia social se ha convertido en la quintaesencia de la presente edición. Todas las películas de la sección oficial proyectadas hasta el momento convergen en su discurso en defensa de unas minorías y contra las desigualdades políticas, económicas o sociales. Y un buen numero de sus autores instrumentalizan el séptimo arte para un fin filántropo: dar voz a un colectivo enmudecido. Es el caso de los últimos supervienes del tifón Yolanda en las Filipinas de Taklub; del colectivo homosexual de un Brooklyn más homófobo de lo que parece en Nasty Baby; de las prostitutas convertidas involuntariamente en homicidas de La calle de la amargura; o las bellas acompañantes de árabes ricos que protagonizan Much Loved. Asimismo, en la competición oficial del certamen imperan los individuos frágiles, repudiados por la sociedad, abandonados a sus suerte, como por ejemplo los desempleados mexicanos de La delgada línea amarilla, o la joven de Je suis un soldat, que renunciará a sus principios éticos –por falta de dinero– cuando se inició en el negocio de tráfico de perros.

La última película de Brillante Mendoza se erige cual paradigma de esta apología de las causas sociales que impera en el certamen asturiano. El director filipino, familiarizado con el festival –recordemos que fue el autor homenajeado en la retrospectiva de 2014–, volvió a Gijón para presentar la premiere española de Taklub. Su nuevo largometraje, exhibido en la competición Un Certain Regard de Cannes, pone en evidencia los desperfectos –físicos y psicológicos– que dejó el tifón Yolanda tras arrasar el país insular en 2013. La película nació como una propuesta del Gobierno Filipino, que encargó a Mendoza un documental sobre las consecuencias del cambio climático. Sin embargo, el director de Foster Child decidió cambiar de registro durante la pre-producción, substituyendo la no-ficción por una narración melodramática, el género preferido de Mendoza. Sin embargo, el viraje no se impuso por una cuestión de simple comodidad. Como indicó el cineasta en la rueda de prensa del festival, su intención era conseguir que el mensaje tras las imágenes llegara a un mayor número de personas. Aunque nos duela admitirlo, las ficciones mueven más publico que los documentales.

Taklub se presenta como un prisma doloroso en el que se entrecruzan las historias de algunos auténticos supervivientes del tifón Yolanda: un hombre (Lou Veloso) que ha perdido a toda su familia en un incendio en un campo de refugiados, o una mesera (Nora Aunor) que espera la identificación de los los cadáveres de sus hijos. Rostros del horror y la resistencia del pueblo filipino. Por desgracia, Mendoza peca de exageración dramática durante gran parte del metraje. Queriendo dignificar todas y cada una de las acciones triviales que llevan a cabo los supervivientes, acaba rebajando sus desgracias a lo meramente anecdótico. En este sentido, si hubiese seguido el camino de la no-ficción, el autor hubiese dirigido una obra menos visceral pero más chocante e ilustrativa, como ocurre con el último largometraje (y primer documental) de Lav Diaz sobre el Yolanda, Storm Children – Book One.

much_loved

Otra película de la sección oficial del Festival de Gijón que también causó revuelo durante y después de su presentación en Cannes fue Much Loved, del marroquí Nabil Ayouch. El film, prohibido en su país de origen debido a las conductas “inapropiadas” de sus personajes femeninos, ha convertido a su actriz protagonista, Loubna Abidar, en víctima de humillaciones públicas y agresiones físicas en las calles de Casablanca. Esta incómoda ficción propone una reflexión sobre el sentido hipócrita de la represión sexual en una sociedad tan machista como la marroquí. Ayouch recrea el día a día de cuatro prostitutas de lujo, repudiadas por la misma sociedad que necesita que existan esos ricos extranjeros que ellas entretienen para que el país no caiga en la miseria. Más allá de la polémica política (y religiosa) que acompaña a la cinta, Much Loved es un melodrama correcto y convencional, que en ningún momento accede a la provocación gratuita. A diferencia del último e impactante largometraje del también marroquí Hisham Lasri, The Sea Is Behind –que sacudió al público de la última Berlinale por su apología de la prostitución, homosexualidad, travestismo y zoofilia en una ciudad marroquí sin posible localización–, Much Loved no pretende herir a la audiencia conservadora con sus imágenes, sino con su discurso a favor de los derechos humanos de las minorías subyugadas.

Nasty-Baby

Finalmente, la gran sorpresa del Festival de Gijón llegó con el nuevo trabajo de Sebastián Silva, director chileno afincado en Estados Unidos. Nasty Baby –ganadora del Teddy Award en la pasada edición de la Berlinale– es un retrato brillante de las contradicciones internas de esa avanzada e igualitaria sociedad norteamericana que, en teoría, superó la homofobia, el racismo o los prejuicios económicos tiempo atrás. En esta ocasión, Silva –que tras dirigir La nana se ha convertido en un autor de referencia dentro del cine indie americano– expone algunas indistinguibles y minúsculas discriminaciones sociales que cristalizan en una secreta lucha de clases a través de una falsa comedia sobre hipsters en Brooklyn. La trama de Nasty Baby arranca con una toma de decisión. Freddy (Sebastián Silva) y Mo (Tunde Adebimpe) son una pareja gay que se lanzan a tener un bebé con la ayuda de su mejor amiga Polly (Kristen Wiig). Asistimos a sus dudas éticas y pragmáticas sobre la inseminación artificial, que se incrementan o atenúan entre presentaciones en galerías de arte, barbacoas, fiestas de cumpleaños o escapadas con los amigos. No obstante, su bienestar como burgueses intelectuales se ve afectado tras la llegada al vecindario de un vagabundo loco llamado The Bishop (Reg E. Cathey). Una vez los protagonistas asimilen que no pueden seguir riéndose de este extraño peligroso (en tanto que homófobo y violento), intentarán deshacerse de él por vías legales. De este modo, Silva revela la incapacidad del hombre racional para convivir con lo no-civilizado.